Justo en la esquina donde se encontraba la
paletería, a dos locales, entre los pollos y las tortillas, se hallaba la
farmacia en la que por momentos de ocio entraba para husmear las etiquetas de
descuento y la nueva y milagrosa pomada contra todos los males.
En una de esas ocasiones en las que volvía
a casa, un letrero llamó mi atención. Anunciaba un nuevo medicamento llamado
"Modafilino", lo había visto un par de veces antes pero nada lo
suficientemente llamativo como para detenerme a leerlo con mas de 30 segundos
de atención.
Me detuve a inspeccionarlo con más
cuidado, tenía cierto aire de sobriedad que pasaba inadvertida al espectador
pero con un poco más de atención se podía adivinar que los diseñadores tenían
algo mas en mente. La gama de colores era llamativa y constante, te invitaba a
probarlo, a conocer a fondo la sustancia activa y entender porque diablos hablaba
del sueño.
Por un par de días no pude quitarme la
imagen de aquél medicamento. Uno, dos, cinco días. El dependiente comenzaba a
ponerse nervioso con mi presencia en la banqueta, mirando solamente aquel
letrero y preguntándole datos sin importancia que bien podrían leerse en la
caja.
Esta contenía 7 grageas de 200 mg
cada una. Era un medicamento para la narcolepsia, un neuroestimulate a mi
parecer bastante prometedor pues había cumplido su objetivo sin siquiera
haberlo probado.
El dependiente se ofreció a darme una
muestra gratis la cual acepté encantada. No pude dormir durante toda la semana
siguiente.
-Disculpe, me interesa saber mas. ¿Qué precio tiene?
-Cuesta 400 pesos la caja
"¡Mierda!" pensé, "es
demasiado caro, aun cuando tuviera ese dinero no se si sería buena idea
comprarlo".
Me interesaba saber mas, quería seguirlo
tomando y ver los alcances de mi propia actividad cotidiana con ello pero no me
interesaba hacerme adicta, había escuchado que suelen crear cierta dependencia
ese tipo de sustancias y ya antes había tenido problemas con ese tipo de
situaciones.
Era más bien, mórbida curiosidad, de esa
que te da cuando ves la fotografía de un cadáver y te preguntas quien era antes
de quedar partido por la mitad bajo las llantas de un tráiler o la que te
provoca una persona con esquizofrenia y cuyo mundo no puedes comprender.
Con ciertos esfuerzos junté el dinero
suficiente para comprar una caja. El tendero promedió traérmelo la semana
siguiente. Hice fila por más de una hora esperando que llegara mi pedido.
Estaba emocionada y a la expectativa de tomarla al fin.
Después, simplemente no llegó y regresé a
casa.
-Quizá lo compre la siguiente semana pero
sólo si esta en descuento
Me había gastado el dinero prometido y no
tenía intenciones de ahorrar con mesura. Prefería tomar café y escuchar “Mongoloid”, ¡esa rola si que prendía!.