lunes, 21 de julio de 2014

Modafilino

Justo en la esquina donde se encontraba la paletería, a dos locales, entre los pollos y las tortillas, se hallaba  la farmacia en la que por momentos de ocio entraba para husmear las etiquetas de descuento y la nueva y milagrosa pomada contra todos los males.

En una de esas ocasiones en las que volvía a casa, un letrero llamó mi atención. Anunciaba un nuevo medicamento llamado "Modafilino", lo había visto un par de veces antes pero nada lo suficientemente llamativo como para detenerme a leerlo con mas de 30 segundos de atención. 

Me detuve a inspeccionarlo con más cuidado, tenía cierto aire de sobriedad que pasaba inadvertida al espectador pero con un poco más de atención se podía adivinar que los diseñadores tenían algo mas en mente. La gama de colores era llamativa y constante, te invitaba a probarlo, a conocer a fondo la sustancia activa y entender porque diablos hablaba del sueño.  

Por un par de días no pude quitarme la imagen de aquél medicamento. Uno, dos, cinco días. El dependiente comenzaba a ponerse nervioso con mi presencia en la banqueta, mirando solamente aquel letrero y preguntándole datos sin importancia que bien podrían leerse en la caja. 

Esta contenía 7 grageas de 200 mg  cada una. Era un medicamento para la narcolepsia, un neuroestimulate a mi parecer bastante prometedor pues había cumplido su objetivo sin siquiera haberlo probado.

El dependiente se ofreció a darme una muestra gratis la cual acepté encantada. No pude dormir durante toda la semana siguiente. 

-Disculpe, me interesa saber mas. ¿Qué precio tiene?
-Cuesta 400 pesos la caja 

"¡Mierda!" pensé, "es demasiado caro, aun cuando tuviera ese dinero no se si sería buena idea comprarlo".

Me interesaba saber mas, quería seguirlo tomando y ver los alcances de mi propia actividad cotidiana con ello pero no me interesaba hacerme adicta, había escuchado que suelen crear cierta dependencia ese tipo de sustancias y ya  antes había tenido problemas con ese tipo de situaciones. 

Era más bien, mórbida curiosidad, de esa que te da cuando ves la fotografía de un cadáver y te preguntas quien era antes de quedar partido por la mitad bajo las llantas de un tráiler o la que te provoca una persona con esquizofrenia y cuyo mundo no puedes comprender.

Con ciertos esfuerzos junté el dinero suficiente para comprar una caja. El tendero promedió traérmelo la semana siguiente. Hice fila por más de una hora esperando que llegara mi pedido. Estaba emocionada y a la expectativa de tomarla al fin.
Después, simplemente no llegó y regresé a casa.

-Quizá lo compre la siguiente semana pero sólo si esta en descuento

Me había gastado el dinero prometido y no tenía intenciones de ahorrar con mesura. Prefería tomar café y escuchar  “Mongoloid”, ¡esa rola si que prendía!.


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