viernes, 18 de julio de 2014

10% de batería

Podrían coger con una fruta a medio podrir, húmeda, mal oliente cuyo moho se quedara impregnado en sus flácidos genitales, infectándolos con el paso de los días y sería exactamente igual que cogerme.
Vas, haces lo tuyo, finges, por qué no...regalarle un orgasmo si lo aprecias?, y volvemos al principio. Justo hoy por la mañana cuando te vestías de la misma manera en que lo haces ahora.

 Te revaloras, todo debe estar en orden por esa absurda tendencia del hombre en encontrarle un patrón o al caos natural del universo. 

Debes estar lo suficientemente perfecto para acceder al promedio de lo que consideras lo habitual en ti y así salir a cumplir con tus obligaciones correspondientes.

Te valoran en el trabajo, te valoras frente al espejo, te acuestan sobre una plancha fría para que tu médico valore tu interior, la misma plancha en la que cientos antes que tu se posaron para recibir radiación.
Todo cumple con una función, sirve de algo. El propósito puede no estar definido, una vulgar hipótesis por confirmar pero lo cumple.

Volvemos al principio anterior. Te vistes, lo besas y te vas.

Pasan los días, piensas en tu desempeño cotidiano ¿tu persona habrá dado lo que tenia que dar para decir que eras tu quien actuó?.

Salgas o entres, una horda de  de bestias humanoides te acosaran con sus ideas. Flotando libremente y embárrandose en las sillas, el pasamanos de las escaleras mecánicas del metro, la pantalla del celular, tu propio espacio personal será invadido por ellas pringando un poco de su ser hasta que eventualmente , como si fuera el chicle masticado con el que todos alguna vez hemos tenido que lidiar en nuestros pantalones, lo carguemos a cuestas. 

Lo mismo siento yo al coger con ustedes.



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